Para nadie es indiferente, actualmente, el
gran peso que la tecnología tiene sobre nosotros. Internet y todos los medios
de comunicación han provocado que la globalización sea una realidad.
El saber está al alcance de todos. Basta con escribir en el
buscador más conocido de todos los tiempos para tener acceso a una innumerable
serie de entradas que nos facilitan el acceso a la información. Tal como señala
Tíscar Lara (2008) en su artículo, hoy día se «lee y se escribe más que
nunca, pero en distintos soportes, en distintos contextos y en distintos
lenguajes puesto que la lecto-escritura es cada vez más multimedia». El libro
en formado papel ha dejado paso a la pantalla, a los libros electrónicos.
Habla
también Tíscar Lara de la alfabetización digital. Es cierto que existen
diferentes generaciones y reacciones en cuanto a la tecnología. Lo que para
ciertas y nuevas generaciones supone algo natural, para otras generaciones anteriores
lo que ha supuesto esta invasión de la tecnología a la vida cotidiana ha sido un proceso de
adaptación no para todos sencillo. Pero poco a poco hemos cogido las riendas de
la tecnología y la hemos puesto al servicio del hombre.
Existen
innumerables herramientas, plataformas, redes sociales, con las que podemos
comunicarnos, expresarnos, formarnos, informarnos. Sin embargo, no todo el
mundo sabe utilizar la tecnología para algo provechoso, pues a veces la
comunicación y sobre todo la economía del lenguaje se pierden en interminables
conversaciones, como ocurre en la red social WhatsApp, de donde no podemos
sacar nada de provecho y que solo hace perder tiempo. Saber usar, saber para qué
sirve y cómo tenemos que utilizar la tecnología es, por tanto, esencial. Por
otra parte, no toda la información que encontramos en internet, o en los medios
de comunicación en general, por estar disponible en la red, es válida. Un aspecto sí
positivo de la globalización es que podemos conocer el mundo desde casa, abrir
nuestra mente desde el sillón del ordenador, o desde el sofá, y ser conscientes
de que el mundo no se acaba ahí, lo que fortalece nuestra opinión crítica.
La crítica
y el criterio para la selección de contenidos son elementos cruciales a la hora
de enfrentarse a la gran cantidad de información que nos brindan todos los
medios de comunicación. La competencia digital es una asignatura básica en la
educación del siglo XXI. Y pese a que encontremos algunos “peros” en esta era
tecnológica, debemos destacar que existen muchos valores positivos, como la libertad
de expresión, leer diferentes opiniones y aprender a forjarnos la nuestra
propia, la facilidad a la hora de comunicarse, la respuesta inmediata o compartir el saber, entre otros.
El
conocimiento del mundo es accesible para, diremos, casi todos.
¿Y tú,
compartes lo que sabes?
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